Desert Daze 2018 nos llevó a un viaje psicodélico, desde una tormenta eléctrica hasta nadar en un lago en medio del desierto.

Uno de los pocos festivales que aún cuenta con la esencia original de contracultura.

El Lago Perris se veía iluminado por el reflejo del sol de California en las montañas de San Jacinto. Después de una larga espera en el tráfico, el ambiente se tornó desconcertante por la falta de organización, gente angustiada por el calor y  organizadores tratando de calmar a todos, pero unos cuantos porros después, la gente comenzó a llegar a las instalaciones de lo que sería un verdadero viaje psicodélico que duraría 4 días y 3 noches. Este año el equipo de Phil Pirrone se encargó de mejorar la experiencia completa al trasladar el festival al Lago Perris en California y ofrecer una cantidad de amenidades para los campistas.

En estos últimos 5 años, el fundador de Desert Daze, Phil y su equipo se han encargado de curar un genuino festival psicodélico que reúne a los mejores actos de psych-rock, shoegaze, y más a través de una experiencia que une a miles de fanáticos de todo el mundo con un mismo propósito, vivir la música. 

Desert Daze sigue siendo uno de los pocos festivales que aún cuenta con la esencia original de contracultura que concentra a miles de personas en torno a la experimentación, rebelión, politicidad, creatividad, ecología y fiesta. En una época donde las grandes corporaciones monopolizan la industria musical, es difícil mantenerse auténtico. 



Somos familia. Mi esposa y yo comenzamos el festival y mis mejores amigos trabajan conmigo. Nuestro Administrador del Sitio se casó con mi mejor amigo de todo el mundo y el director de Relaciones con los Artistas ha sido mi amigo desde el 7º grado. Es como un restaurante familiar: todos nos dedicamos con mucho amor al festival y nos preocupamos mucho por los demás.”

Después de preparar el campamento mientras me perdía a Sugar Candy Mountain, me adentre en el viaje con el ritmo de Jay Watson que se escuchaba a lo lejos, en lo que era su primera de tres presentaciones del día bajo su pseudónimo GUM. El ambiente pronto se tornó festivo y la tarde cayó, iluminando las intervenciones artísticas que estaban colocadas por todo el festival. Comenzó el set de Pond en el escenario principal, The Moon y las personas pronto se acercaron a disfrutar de los riffs cósmicos de Nick Allbrook y sintetizadores distorsionados de Jay Watson bajo el atardecer en las montañas.

Pareciera que la gente había olvidado la desorganización que hubo al entrar al festival mientras bailaban en la arena despreocupados y sin saber el desastre que nos esperaba. Después de un set memorable con clásicos como “Waiting Around for Grace”, el conjunto australiano cerró su set con el viaje psicodélico de 8 minutos que implica “Man It Feels Like Space Again” lleno de cascadas de sonido que se entrelazan en coros y forman melodías hipnotizantes.

Terminando el set me dirigí al escenario The Block. La filas se comenzaban a llenar con un ritual bajo el comando de Ian Svenonius, que nos preparaba para el legendario acto de Jarvis Cocker, uno de los pioneros en el brit-pop en la década de los 90 e integrante de Pulp. “Estamos hartos de las nuevas corporaciones adueñándose todo. No más. Nosotros no lo vamos a permitir. Nosotros somos el público y tenemos que hacer algo ahora mismo. Sin nosotros ellos no existirían. ¿Qué queremos?” pregunta Ian exclamando al público entretenido por el carisma que lo caracteriza. Después de una serie de peticiones demandadas por el público, termina por presentar al nuevo conjunto de Jarvis Cocker, Jarv Is, que comienza a soltar riffs mientras Jarvis se desplaza por el escenario reflejando su cara a través de un espejo de mano, moviéndolo a su alrededor.

“¿Cuál es tu temor?” le pregunta a un jóven del público. “No lo sé. El fracaso.” le contesta inseguro. “¿Fracaso? Mira, todos temen al fracaso, ¿cierto? Pero de lo que nos tenemos que dar cuenta es que solo son voces en nuestra cabeza. «Eres una mierda. No lo puedes lograr. Voy a fracasar.»

 Sólo son voces que son parte de tu cerebro, no eres tú. Es algún extraño mecanismo de defensa que trata de protegerte, pero tú no eres un fracaso. Si le temes al fracaso nunca harás nada, entonces solo lo tienes que hacer.” le aconseja al joven desconcertado en la primera fila. 

Cada vez es más evidente que Desert Daze no es cualquier festival de música. Se ha convertido en un punto de encuentro de una cultura alternativa profundamente alejada de las estructuras dominantes. Esfuerzos colectivos como éste, reflejan la importancia de recuperar la contracultura dentro de una sociedad en crisis como la que vivimos.

La noche caía y las proyecciones psicodélicas en The Block comenzaron a tomar vida, mientras Uncle Acid & The Deadbeats hacía suyo el escenario. Con la combinación de riffs pesados llenos de distorsión, vocales psicodélicas y una energía sobresaliente, Uncle Acid armó un verdadero show de stoner rock que mantuvo a todos haciendo headbanging durante más de una hora.

Una lluvia ligera pronto comenzó a caer y las personas se prepararon para el headliner de la noche, Tame Impala. Algunos regresaron al campamento para abrigarse, comer algo y el resto de nosotros tratamos de acercarnos lo más que pudimos al escenario. De pronto, se iluminó de golpe el lago con un relámpago gigantesco que recorrió el horizonte, seguido de un trueno estremecedor. «¿Viste eso? Imposible no verlo, fue hermoso.» Poderosas descargas eléctricas caían en las montañas y la gente se alimentaba de esta energía que estaba en el aire, ansiosos por presenciar un espectáculo impresionante. Los rayos cada vez se acercaban más, mientras se extendían sin límites por todo el cielo formando patrones complejos.

La lluvia se tornó violenta y la gente se emocionó gritando cada vez que las descargas caían en el desierto. La energía eléctrica se sintió al momento que Tame Impala comenzó a tocar mientras el clima contribuía con un espectáculo hermoso.  Confeti caía después del clásico “Let it Happen” cuando Kevin, Jay, Dominic, Julien y Cam se conectaron con la madre naturaleza en sincronía a “Sundown Syndrome” tocando enérgicamente dentro de la tormenta eléctrica. Todo estaba coordinado de una manera caótica y digna de un verdadero viaje psicodélico.

La magia no duró mucho, pues a los minutos Kevin anunció “Lo siento chicos, tenemos que irnos”. El público estaba confundido y un representante del equipo del festival salió a dar el anuncio oficial. “Debido a cuestiones de seguridad relacionadas con el clima peligroso, les pedimos a todos que salgan inmediatamente de los terrenos de Desert Daze, regresen a sus autos y busquen refugio. Les pedimos que se queden en sus coches y mantengan la calma.” La tormenta eléctrica cada vez se encontraba más cerca y combinado con los anuncios alarmantes, se detonó un caos al escuchar un inmenso trueno que sacudió a todos. “Tenemos la intención de continuar, pero primero debemos consultar con la policía y los oficiales de seguridad. Nuevamente, les pedimos a todos que abandonen los terrenos inmediatamente y busquen refugio. Para aquellos de ustedes que no tienen autos, encuentren un edificio de ladrillo o un auto amigable que ofrezca asilo. Esto incluye a todos los campistas.” Gente perdida corría buscando su campamento, alarmada por los constantes relámpagos fuertes y la creciente tormenta. La esperanza seguía viva pero después de 2 horas de espera, la tormenta no se detuvo y finalmente cancelaron el día.


Al día siguiente desperté entre murmullos de lo que fue la noche anterior y la decepción que nos habíamos llevado muchos al perdernos a Connan Mockasin. Aún mojado por el agua que se filtró durante toda la noche, preparé mi desayuno en una parrilla junto a un campamento vecino. “Buen día, viejo ¿larga noche, eh?” con una voz rasposa se asoma un hombre desde la casa de campaña mientras prende un cigarro.”

“¿Qué hay para el desayuno?” me pregunta. “Estoy asando pollo y unos bagels, adelante.” Le digo mientras termino mi desayuno y me dirigo a las duchas, que este año sí contaban con agua caliente. “¿Listo para hoy?” Me pregunta en la fila de las duchas un hombre grande con cabello rubio. “Por supuesto. Estoy emocionado por ver a Kikagaku Moyo.” “¡Son increíbles!” me contestó el hombre que resultó ser el supuesto tío de Ty Segall.

Dentro del festival exploré las instalaciones mientras hacía tiempo para ver a las chicas de Stonefield, cuando me encontré con Eric Moore, uno de los bateristas de King Gizzard & the Lizard Wizard y el hombre detrás de su disquera Flightless Records. “¡Qué onda, Eric! ¿Cómo va todo?”, “¡Hey! Qué hay viejo, excelente. ¿Cómo la pasaste ayer?” “Fue un caos. Sigo un poco triste por Connan Mockasin, pero estuvo bien.” 

“¡Oh, lo sé viejo! Yo también.” Me contestó mientras se detenía a analizar la situación. Caminé con Eric hacia el escenario donde se presentaría Stonefield, grandes amigas y pertenecientes a Flightless Records, mientras platicamos de su compañía. Nos encontramos con todos los chicos de King Gizzard y procedimos a escuchar a las chicas de Stonefield dominar el escenario. 

Sin lugar a dudas, uno de los actos destacados del festival fueron los grandiosos Kikagaku Moyo (“patrones geométricos” en japonés), cinco chicos de Tokio que transmiten la reencarnación pura de la psicodelia en su máximo esplendor, mezclando elementos de los sesenta con influencias orientales. El sonido del sitar se transforma y desdobla antes nosotros bajo los hábiles dedos de Ryu Kurosawa que utiliza el instrumento hindú con una agilidad impresionante. La energía que generan dentro del escenario se extiende hacia todos, llevándonos a viajar a través de explosiones de sonidos y texturas. Entre dialectos ininteligibles, el público queda atrapado pronto por las melodías hipnotizantes que culminan en un trance armónico.

Más adelante y después de un set relajado por parte de Slowdive, el festival estaba ansioso por ver a King Gizzard & the Lizard Wizard saltar al escenario principal. Un hombre grande vestido de mago con un gran bastón de madera y un hombre pájaro pasan frente a mí caminando hacia el escenario. Parece ser que cada vez crece más la comunidad de seguidores de los lagartos, duplicando su público del año pasado.

Cuerpos flotan cargados entre brazos y las personas se mueven formando avalanchas que se desatan en un gran mosh-pit que continuó durante la mayoría del set.


El domingo por la mañana, el sol brillaba por primera vez y veía a gente preparándose para darse un chapuzón en el lago. Rondé por el Mystic Bazaar un rato antes de encontrarme con Here Lies Man grabando un set para Jam in The Van, donde gente se relajaba, disfrutaba de un domingo soleado y veía la presentación a través de la pantalla instalada fuera de la van. El ambiente era tranquilo y el sol tan brillante que decidí saltar al lago.

Unicornios inflables, paseos en kayak y un lago refrescante definieron la mañana del domingo para todos los que se encontraban disfrutando esta playa artificial.

Mientras me sumergía cada vez más en el lago y escuchaba a lo lejos la música, me encontraba con un hombre dormido arriba de un flamingo inflable dejándose llevar por la corriente. Es entonces cuando me queda claro que todavía existe la oportunidad de experimentar un escape de la realidad y Desert Daze es una muestra de la manifestación de estas nuevas y no tan nuevas prácticas culturales, ideales y de la libertad que tanto se proclama a través de la música. Las intenciones originales de los festivales de contracultura de los sesenta fue escapar de las corporaciones y reunirse para expresarse libremente canalizando la expresión de sus inquietudes e ideales. Desert Daze ha crecido con el paso del tiempo y ha creado una comunidad que demuestra que estos festivales son la esperanza que queda , y permanece como una contracultura que lucha por sus derechos en una era monopolizada.

Texto: Gonzalo Vázquez 
Fotografía: Maryfer Contla, Gonzalo Vázquez

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2 comentarios sobre “Desert Daze 2018 nos llevó a un viaje psicodélico, desde una tormenta eléctrica hasta nadar en un lago en medio del desierto.

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